La Orfandad Espiritual en el Modelo Chileno: Historia, Crisis y Reflexión
Primer acto:
El Modelo de Orfandad Espiritual
El modelo económico Chileno parecía que tendría éxito perpetuo. Pero tenía un problema de base. Fue hecho por huérfanos espirituales.
Partamos por recordar que vivíamos desde la década del setenta bajo una formula sociológica y arquetípica, que un sociólogo describiría como "Diego Portales partido por Padre Hurtado", es decir, severo orden para facilitar el comercio, dividido por asistencialismo social para los mas desfavorecidos.
Así es. Imaginen una cuerda tensa tirada por dos personajes opuestos. De un lado Diego Portales (el único no católico venerado hasta hoy por la cámara de comercio), tirando para ganar, y del otro lado el Padre Hurtado (abogado y cura jesuita, símbolo de la asistencia social y el sindicalismo). Ambos tiran para ver quien arrastra al otro, ambos comprometidos hasta la muerte con sus ideales, ambos venerados, ambos símbolos arquetípicos envueltos en un aura de orfandad espiritual.
El Padre Violento
En ese clivaje vinieron los acontecimientos del golpe de estado de 1973, y tras una primera década de dictadura, se creó un nuevo modelo, pero en el mismo clivaje. Impulsado por otro huérfano espiritual. Augusto Pinochet Ugarte (el que deseaba ser como el "guacho" O'Higgins). Lo veneró, y lo imitó en lo mas profundo de su ser).
Pinochet puso en marcha el nuevo modelo y se alzó como el padre violento.
Ese padre es ahora, en el 2025, el abuelo que nadie desea recordar, por qué fue brutal. Su legado se resume en, hacer surgir la economía de la nación, a costa de dañar el alma de varias generaciones. Repartió la misma orfandad que lo caracterizaba.
Impuso un modelo capitalista, pero ni cerca similar al europeo o norteamericano. Como lo llamaría el cientista político del MIT Ben Ross Schneider, este es un "capitalismo jerárquico", donde no hay libre competencia, por que para eso todos deberían jugar con las mismas reglas.
Pero no hay reglas iguales ni libre competencia, lo que hay es colusión, monopolios, robo hormiga, mucha burocracia y nepotismo. No basta ser innovador, creativo o esforzado, si no tienes los contactos y el dinero de base, es muy probable que el talento no baste.
Las Dos Mesas
Este capitalismo del modelo chileno nació y se desarrolló tutelado por la dictadura, y dejo instalada dos mesas de orfandad espiritual en la casa llamada Chile. Dos mesas que ya no dan estabilidad para comer tranquilo.
Ahora volvamos a imaginar el modelo como dos mesas separadas por un muro. Había una mesa para los huérfanos poderosos y otra para el resto de huérfanos menos favorecidos. En la primera había decisiones, sobremesa y los mejores cortes de carne. En la segunda pan y té, y una televisión encendida para entretener y evitar la impertinencia. Ambas mesas separadas por un muro con la placa "capitalismo jerarquizado".
La orfandad espiritual encaja en la jerarquías rígidas, y en la búsqueda por sobrevivir acaparando y controlando recursos. Es frívola y nunca acepta la propia responsabilidad.
Pinochet nunca se hizo responsable del dolor que causo, culpó a otros generales, pero el no tocó nunca la cárcel. Allende hizo lo propio con su desastre político y económico, no asumió responsabilidad alguna, se suicidó. Orfandad espiritual.
El abuelo tirano, llamado Pinochet, con alma militarizada, puso en marcha una economía marcada por la jerarquía. Dejó el poder político, dejó después el militar, pero sentó las bases para que la economía siempre fuera jerárquica. Dos mesas diferentes con un muro que dejara en claro aquella diferencia.
Esas fueron las bases del modelo Chileno de los años noventa. La corrupción de este capitalismo jerárquico, fue creciendo hasta corromperlo todo, el poder político, el judicial, la cultura, y el alma. Y la mesa pequeña no quedo exenta de dicha pudrición. Con caudillos de barras bravas, con jefes narcos, con patrones déspotas, etc. (Todos de ideologías distintas, pero de accionar jerarco/capitalista). Donde el acaparamiento del recurso es la única ley.
El modelo Chileno inicia dando frutos, las dos mesas de huérfanos reciben cosas, la mesa grande domina todo, se agasaja de lujos, se jacta de su riqueza. Pero a la mesa chica solo llega pan, té, jamón y la esperanza de que algún día puedas cruzar el muro que separa ambas mesas. Tal vez algún día, pero a costa de una gran cadena en el pie. La deuda.
Una cadena que marcará el punto límite del movimiento. Puedes moverte a buscar mas pan, pero con cadenas. Puedes comer jamón y queso, pero no en la mesa de los huérfanos jefes. Hay un enorme muro entre la mesa grande y el resto de la casa.
Las Primeras Grietas
La sociedad comienza su cansancio. El muro muestra sus primeras grietas ya para el 2005, cuando Ricardo Lagos impone el transantiago, y pide a la gente que "se levante mas temprano" para hacerlo funcionar. Los santiaguinos comienzan a juntar odio.
Segundo acto:
La Madre Frívola y el Padre Trabajólico
Bachelet entonces aparece en el 2006 en clave materna, la acompaña el "comando ciudadano", que elevan la bandera de "no mas desigualdad". Ella hablaba con tono suave, y al mismo tiempo ejercía como ministra de defensa de Lagos. Era la mezcla ideal del clivaje Portales/Hurtado, se fotografiaba sobre un tanque del ejercito, y luego hablaba a la cámara con voz tierna.
La mujer que sufrió con el abuelo tirano, es la mujer a quien recurre el país para aliviar sus carencias. "Tal vez ella entienda el sufrimiento de la mesa pequeña". Pero no los alivia, sus derechos sociales son insuficientes.
Bachelet no abraza a la población, es más bien una madre indiferente que vela por sus intereses. Cruzó el muro a la mesa grande y no quiere volver atrás. Usa su figura de madre protectora, para pedir un lugar en la mesa del acaparamiento. Pero El modelo debe continuar.
Las grietas del muro deben taparse con yeso, pero ese muro no puede caer, o ella se quedará sin su nuevo lugar en la mesa grande. Ese lugar que protegio la lleva hasta Nueva York, a codearse con las mujeres mas famosas del mundo.
El Padre Trabajólico
El país no se alivia, y recurre al trabajolico Piñera el 2010, que aparece en clave paternal, con un mensaje completamente diferente, prometiendo crecimiento, mas trabajo, y mayor seguridad. Llevar al país al pleno desarrollo "de forma honesta" (prometio en televisión). Así es como le gana a Eduardo Frei, Arrate y MEO.
La Promesa
Piñera, el padre trabajolico, promete mejorar la mesa pequeña. Más Coca cola, más canales de televisión, más juguetes y chucherías.
La Realidad
Promete que ahora sí, si te esfuerzas podrás acercarte a la mesa grande y sacar un pedazo de carne.
El Fracaso
Piñera intenta ser la bisagra entre los súper ricos que dominan el capital y el resto de la sociedad.
Pero el terremoto del 2010 deja a Piñera sin caja estatal para su reformas, y no le queda más que jugar con lo que hay. Con lo que tiene, le ofrece a Chile adornar su dolencias, pero no solucionarlas. Adornar sus rincones, aderezar sus migajas, pintar de colores las cadenas, pero la mesa del verdadero capital seguirá lejos. No alcanzamos el pleno desarrollo, mucho menos la honestidad.
Bachelet es la madre fria que abandona, Piñera es el padre que solo esta pendiente de la billetera. Ambos arquetipos mantienen la orfandad espiritual. Prometen, se alternan, y pelean entre sí durante 16 años.
Ambos crecieron bajo el régimen violento de Pinochet, ambos usan esa carta a su conveniencia. Ambos reniegan del abuelo dictador.
Le hablan a su generación ochentera y noventera, que aún mira las heridas del pasado. Ellos todavía recuerdan que antes era peor. Antes sí te portabas mal desaparecías, te torturaban. Ahora por lo menos puedes ver televisión.
Pero el muro del modelo se mantuvo con ellos, aunque agrietado por el tiempo.
La Generación Hastiada
Y a las faldas de esa relación tóxica entre Bachelet y Piñera emerge una generación hastiada y rabiosa. Que se manifiesta con protestas estudiantiles. Y de esa camada, el Frente Amplio sería el huérfano que más bulla hace. El que más grita, más reclama, el que más llora y patalea.
Observa el poder, y el festín de la jerarquía capitalista como un lugar al que aspirar. No piensa en sus hermanos, ellos quieren sentarse a cortar la carne.
Quieren un lugar en la mesa de las decisiones, no tiene las capacidades para gobernar la casa, pero piden su puesto a gritos. reclaman sobre aquello que este a la moda, pero no ofrecen orden, ni tampoco asistencia. Ofrecen reclamarle a estos padres que han fracasado.
Y así, la batalla política y arquetípica del padre Piñera y la madre Bachelet, culmina en un estallido, tras dieciseis años de abrazos maternales fríos, y el conteo frívolo de billetes, el resultado es una sociedad asqueada.
Tercer acto:
Estallido Social
El 2019 los de la mesa chica se hastiaron, si no se puede comer de la mesa grande y deforme, sino se puede cruzar el muro del capitalismo jerárquico, entonces "quememos la casa completa".
La casa de Chile se incendia bajo la tutela de Piñera. Se quema el metro, locales, calles destruidas y barricadas en cada región del país. Los de la mesa pequeña lanzan al aire las chucherías, rompen el televisor, lanzan las tazas. Estan indignados, y de hecho exigen "dignidad".
Nadie marcha para pedir orden, ni pedir igualdad. El reclamo es mas abstracto, se exige un valor intrinseco, un trato justo, se pide respeto, no ser "ninguneado".
No quieren asistencialismo, tampoco mano dura. Quieren dignidad.
Pero Portales no puede entregar dignidad, el Padre Hurtado tampoco, el antiguo clivaje pierde fuerza mientras las calles de Chile arden.
En un desesperado movimiento, Piñera ofrece desarmar la casa completa y volverla a edificar desde sus cimientos. Piñera entrega los planos (la constitución).
En un acto ritual, pone a los pies de la sociedad lo mas preciado para el sistema, sus planos arquitectónicos. Y de alguna manera, con esto muestra respeto a quienes había ninguneado. El incendio se contiene, y aunque la quema se detiene, la molestia interna sigue.
Y Chile pone su confianza en el huérfano que más y mejor grita (gritaba a todo lo que se moviera, pero por Twitter), en Gabriel Boric.
Los planos de la casa se entregan en la mesa pequeña y se ponen a discusión.
Y aparecen muchos otros huérfanos. Gritando sus ideas y soluciones. Todos quieren más, pero todos lo quieren para sí mismos. Para sus ideas propias, para sus anhelos. Dicen representar a la sociedad que pidió dignidad, pero ellos actuán como indignos.
Los planos se discuten dos veces en la mesa pequeña, primero los del lado izquierdo creen tener la solución, pero presentan un plano que es un fiasco inviable. Luego los del lado derecho presentan el suyo, y el resultado tampoco convence. Los huérfanos siguen peleando entre sí. La mesa pequeña tiene dos bandos, el de izquierda y el de derecha, y ambos patalean sin reconocer su verdadero problema. Actúan como huérfanos, no como herederos.
Y en el proceso donde los huérfanos gritan y se lanzan papeles, Piñera muere trágicamente, Bachelet se oculta, y Boric, el huérfano que más habla, fracasa.
Final:
La Pregunta Persiste
No hay planos nuevos, o tal vez nunca fueron necesarios. El muro agrietado sigue en pie y envejecido, la mesa grande huele fetida, la mesa pequeña, que ahora tiene coca cola y postre, sigue siendo insuficiente. La televisión se cambió por internet y Netflix, pero el capitalismo jerárquico se practica en ambas mesas.
En todos lados abunda la impertinencia, se aplaude al irrespetuoso, se le da una sonrisa al frivolo. Y se exige o se promete sin asumir responsabilidad alguna.
El sistema exuda orfandad espiritual.
Pero la orfandad se supera cuando sabes que eres digno por ti mismo, por valor propio, no cuando exiges a otros el respeto que tu no das.
Y en ese espacio estamos. En ese fracaso, con nuevos huérfanos, que no han perdido de vista la molestia, que exigen se les de una oportunidad de cruzar el muro envejecido. Parisi y Káiser.
Ellos siguen en la mesa pequeña, y siguen con rabia. Cada uno a su manera, pero no actúan como herederos, así que no tienen la respuesta. Como Boric intentó resucitar a Allende, Kaiser quiere resucitar a Portales. ¿Y Parisi? Impertinente.
Y ahora, en este espacio vaciado de respuestas, Chile retorna a su antigua práctica. La candidata Jara en clave Bachelet se presenta como una madre que contiene (ya sabemos cómo termina eso). Y Kast se presenta como el padre autoritario que promete seguridad y provisión (nada nuevo bajo el sol). Pero ambas mesas seguirán separadas por el muro.
Aún no salimos de la dinámica de orfandad. En un momento estuvo cerca de ser comprendido, hubo un chispazo de conciencia colectiva, un microsegundo que la furia apagó. Pero lo sentimos.
Chile sabia que debía hacerse digno.
¿Qué nos hace dignos? no son las mesas del sistema, no son los candidatos que representan esas mesas. No es el que grita mas, o el mas impertinente. No es cruzar el muro del modelo, no es Portales ni Hurtado, tampoco es otra seudomadre u otro falso padre. Nada de esto le dará ese valor.